. . .Entre manos y pies las sabanas están liadas como maromas de barco, apenas ruido , gemidos inconfesables y palabras obscenas surcan los labios de los dos cuerpos; roces, saliva, toques, manoseos, un sin fin de caricias al centro del huracán y nuevamente un retorno buscando nuevos mares; lenguas mojadas, casi atragantadas se mezclan con salvajismo desmesurado y a la vez medido, ojos que se miran fijamente, orejas tibias de palabras impúdicas y salivas escapadas de aquellas lenguas duras y ardientes, piernas juguetonas como niños de corro de escuela, anatomía perfecta arrugando el algodón blanco que reposa sobre el colchón cómplice de ruidos y trasiegos, silencioso y mudo observador de los cuerpos calientes que yacen mortecinos de sexo. . .

(amanita)