Invadido el interior de miedo y angustias, sintiendo ni siquiera poder expresar lo subyacente, ahogado en el temor del no se que y no se hasta cuando, paso mis días encerrado en unas paredes blancas, donde en un ángulo haciendo esquina dormitan dos sillones color cava, el gran ventanal cubierto de un cortinaje caldera y la mesa de centro que reposa entre ambos sillones sostiene un cristal que protege con mimo aquellos cuadros que el pequeño hizo hace ya algunos años, mientras la angustia oprime, la boca del estomago es incapaz de soltar aire profundo, una cosa que jamás sintió, que parece nimia pero que si es importante, su rostro no dibuja una sonrisa, algo tan trivial y tan sencillo como es una puta y simple sonrisa no está dibujada en el tercio inferior de su cara, el rictus es serio, perdido pero se podría decir que a la vez es sereno, aunque no cargado de paz, es una sensación de todo pasa, pero nada queda, tanto esfuerzo para que, su mirada se funde con el caldera de la cortinón y no se oye nada, ni siquiera la música, en este estado de semicatatonia no quiere oír nada, tan solo los latidos de su mente, aquellos que le marcan el momento de estar así y aquellos que sin duda le marcarán para salir de eso ostracismo, los labios siguen rectos, las comisuras no se inclinan, los ojos parece que se cubren de lágrimas, el alma se deja apretar, los gemidos se ocultan entre las vísceras, el ánimo se esfuma y solo queda esperar, el tiempo pasa, y todo pasa, la anhedonia pasará, la sonrisa volverá, el alma estallará en mil colores, pero ahora no, ahora mejor dejar todo en su sitio y cada emoción en su recipiente.

(amanita)